México se consolida como el país más peligroso para ejercer el periodismo, según Reporteros Sin Fronteras y el IPI
De esta Forma, México sigue consolidándose como uno de los países donde ejercer el periodismo es una labor de alto riesgo.
Tal es así que el Instituto Internacional de Prensa (IPI, por sus siglas en inglés) identifica a México como la nación más peligrosa para que los periodistas ejerzan su labor.
En tanto, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha colocado a México por tercer año consecutivo en el primer lugar del ránking de mortalidad de profesionales de la información.
Los asesinatos de periodistas están sorprendiendo por su mortífera cadencia en México, un país acostumbrado a enterrar a un promedio de 100 personas al día por violencias de toda clase sin apenas conmoción pública.
El patrón se repite: periodistas locales que arriesgan su vida contando la corrupción y los enormes desajustes del poder político y económico en sus regiones o municipios. López Vásquez se había dedicado mucho tiempo a las noticias sobre seguridad, es decir, a contar crímenes, y últimamente también a poner de manifiesto supuestas irregularidades en un megaproyecto de rompeolas en su pueblo, Salina Cruz. Perfiles parecidos mostraban Margarito Martínez, acribillado a la puerta de su casa en Tijuana, el 17 de enero, apenas unos días antes de que cayera otra compañera en la misma ciudad fronteriza, Lourdes Maldonado, que mantenía un pleito con el anterior gobernador del Estado de Baja California. La connivencia en México entre el crimen y el poder político y económico forma tal amalgama que es un nudo indisoluble y confiere características propias al drama. ¿Cómo pedir protección si el que tiene que proteger está coludido con las balas? Esa es la razón de que muchos reporteros opten por no denunciar su caso, ante el temor de incrementar el riesgo.
Son necesarias medidas integrales, es decir, que no se queden en políticas de protección, que acaban depositando la responsabilidad en la víctima. Se requiere prevención, que se identifique al instigador y que se combata la impunidad”, añade Vázquez.
Son momentos turbulentos para la prensa. Se les desprestigia y estigmatiza mientras se produce una agresión cada 12 horas. La Ciudad de México, sede de los poderes centrales, se mantenía un tanto a salvaguarda de estos crímenes, pero las balas están ya llamando a sus puertas, como declaran los periodistas amenazados.